Santiago Maldonado

-La invitacion a participar de una movida por Santiago Maldonado me provoco sensaciones encontradas, temeridad y miedo… no por lo que pudiera pasarme sino por lo que venía sintiendo desde que supe de su desaparición. Angustia, impotencia.

Llegue al lugar de encuentro imbuida de esa lucha interna, con desencanto, cierta desolación y frío, mucho frío. Quienes nos habíamos convocado para participar de este evento no nos conocíamos entre todos, pero teníamos un nombre en común: Santiago Maldonado.

Demoramos un tiempito en hacer los acuerdos necesarios para montar una obra en la calle, amateurs del teatro, pero convencidos. Coreutas desafinados pero en sintonía.

El frío seguía calándome el cuerpo. Se me vino a la cabeza el frío en el cuerpo de Santiago.

Ya había anochecido. Comenzamos a caminar por Fiske, buscando el mejor lugar para estrenar la obra.

Y fuimos reproduciendo el libreto, una y otra vez, mientras que en cada puesta se agregaba un detalle colectivo que la embellecía y la hacia cada vez mas amorosa.

El frío ya no me habitaba, me habitaba una fuerza que trascendía mi cuerpo, en cada grito que salía de mi garganta imaginaba que llegaba a los recónditos lugares donde pudiera estar Santiago, emisión de energía que añoraba pudiera rescatarlo de la oscuridad.

Mi cuerpo no era mi cuerpo, mi miedo ya no era mi miedo, mi potencia se desplegaba en el espacio que recorríamos, se chocaba con otros cuerpos de mirada inquisidora, curiosa o de aprobación, a veces también de complicidad.

A esa altura, nada de eso me importaba, me había convertido en otra sustancia…

Cariños

Rita

Fotos de Sergio Bonicato.

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